Archivo mensual: septiembre 2010

La corporación Monsanto “regala” 475 toneladas de semillas transgénicas a Haití

De mal en peor para el pueblo de Haití que, después de ser sacudido en enero por un brutal terremoto, este se convierte en la excusa perfecta para que los escurridizos brazos de Monsanto ofrezcan su supuesta ayuda con un regalo de 475 toneladas de semillas genéticamente modificadas. Este regalo ha sido respaldado por la embajada de Estados Unidos en Haití.
Habría que preguntarle a los haitianos si saben que esta misma compañía se dedica subrepticiamente a las armas biológicas y fabricó el famoso Agente Naranja que en Vietnam envenenó tanto a vietnamitas como a soldados de EUA.
¿Saben los haitianos que estas semillas han sido declaradas como peligrosas en varios países? Normalmente las semillas vienen junto con un herbicida llamado «Roundup» que contiene glifosato, contaminante del agua, aunque Monsanto insiste en que es biodegradable. La Academia Americana de Medicina Ambiental concluyó que estudios en animales demuestran una relación causal entre alimentos modificados genéticamente y la infertilidad, el envejecimiento acelerado, insulina disfuncional, alteraciones en órganos y problemas inmunológicos. El documental «The Corporation» denunció lúcidamente las atroces prácticas de empresas como Monsanto, la cual incluso ha llevado al suicidio masivo a agricultores en la India. Y el sitio Alternet.org ha estado documentando la oscura realidad de la comida en Estados Unidos.
Mientras tanto, en un poco de humor negro, Linda Fischer, ex empleada de Monsanto, ha sido nombrada directora de la Agencia para la Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos (EPA). Y Michael Taylor, quien fuera vicepresidente y principal cabildero de Monsanto ante el Congreso de Estados Unidos, ha sido nombrado Consejero al Comisionado de la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) por el presidente Barack Obama. El Huffington Post escribre sobre Taylor: «La persona que puede ser responsable por la mayor cantidad de muertes y enfermedades relacionadas con alimentos en la historia ha sido nombrada zar de seguridad en los alimentos de Estados Unidos. No es broma».
Según el Center for Reaseach on Globalization, las semillas son sólo la carnada, públicamente un regalo, y los granjeros tendrán que darle regalías a esta oscura empresa, que quizás ahora quiera afincarse en la tierra del vodú con sus semillas.

Fuente:
http://pijamasurf.com/2010/05/monsanto-hace-vudu-al-mismo-haiti-regala-475-toneladas-de-semillas/
http://pijamasurf.com/2009/07/obama-nombra-a-ex-vicepresidente-de-monsanto-zar-de-alimentos/

Maíz en Pinar del Río

Resolución No. 37 de 2009. LICENCIA DE SEGURIDAD BIOLÓGICA

Resolucin No 37 del 2009.pdf

Fuertes debates sobre el maíz transgénico en Cuba

La Habana, 18 sep.- Preocupados por la liberación en los campos cubanos del maíz transgénico FR-Bt1, científicos y activistas no gubernamentales de la isla caribeña analizaron los peligros de este hecho, en un encuentro celebrado el pasado 16 de septiembre en el Centro Nacional de Seguridad Biológica (CNSB) de la capital de Cuba.
En la cita, coordinada por el ingeniero Fernando Rafael Funes Monzote, se visionaron una selección de videos tomados por el agrónomo Narciso Aguilera Marín, donde se constatan violaciones en el protocolo de liberación del maíz FR-Bt1 en campos de la provincia de Santi Spíritus, en el centro de la isla.
Según trascendió durante la reunión, en el espirituano Valle de Caonao, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) desarrolla un proyecto experimental de siembra del FR Bt1 y ha llevado a cabo entrega de semillas a algunos agricultores de la zona.
Campesinos de la cooperativa Julio Tápanes, ubicada en esa provincia, desconocían buena parte de las recomendaciones para cultivar y consumir el mencionado maíz transgénico, según los materiales audiovisuales. De esta manera, se pone en riesgo todo el proceso de liberación, las personas involucradas y variedades de maíz natural, que tradicionalmente siembran los agricultores cubanos.
El paquete tecnológico del maíz transgénico exige procedimientos estrictos como distancias específicas de siembra, aplicaciones de herbicidas y plaguicidas, fertilización, riego, y rígidas medidas de control y protección de las personas y el ecosistema, según fuentes especializadas.
Pero expertos y activistas insistieron en que el proceso de liberación del maíz FR-Bt1 en cultivos de la isla caribeña no se ha realizado de manera clara. Además, escasas son las informaciones sobre el impacto en la salud humana de este transgénico y el riesgo de atentar contra la diversidad biológica.
Alfredo Abuín Landín, de la Universidad de Ciencias Médicas de Matanzas, solicitó al Programa Nacional de Biotecnología Agropecuaria en Cuba pruebas sobre la toxicidad de la proteína insecticida Cry, insertada en el genoma del maíz, y con potencialidad para interactuar con el sistema inmunológico humano.
La información del proceso de autorización no es pública; solo el resultado, dijo Juan Carlos Menéndez, director del CNSB, en respuesta al reclamo de evidencias de las pruebas realizadas.
No obstante, Menéndez certificó que el FR-Bt1 es apto para el consumo humano y animal. A modo de recordatorio, comentó que el boniato transgénico hace años se cultiva en la provincia central de Villa Clara.
Insistió, además, que la política cubana apoya la transgénesis. Sin embargo, Cuba firmó este año la Declaración de Cochabamba, la cual reniega categóricamente de la explotación de cultivos transgénicos.
El Estado cubano no prohíbe el uso e importación de transgénicos para cualquier destino, incluyendo la alimentación, así como de organismos vivos modificados biogenéticamente. Pero, tales actividades deben someterse a un riguroso proceso de evaluación de riesgo, según las leyes vigentes en el país.
El sistema regulatorio de bioseguridad cubano tiene como momentos trascendentales la firma del Decreto Ley 190, en 1999, y la entrada en vigor del Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad de la Biotecnología, en el 2003.
Lenia Arce Hernández, también del CNSB, llamó la atención en el hecho de que el Protocolo de Cartagena reconozca los beneficios de la biotecnología, pero se concentre sobre todo en los riesgos de esta para la vida en el planeta. Señaló varios aspectos necesarios para estos procesos que no se abordan en el mencionado Protocolo.
Cuba cumple aproximadamente el 85 por ciento de lineamientos establecidos por esa instancia internacional, en un sistema de seguridad biológica que se distingue por tener una visión interdisciplinaria única en el mundo.
Los participantes en el debate reclamaron a los expertos su participación en las consultas, parte esencial en el otorgamiento de licencias, y señalaron la carencia y retardo en la presentación de dictámenes y criterios especializados sobre el maíz transgénico.
Durante el encuentro fue entregado al CNSB un expediente que compila informaciones de utilidad, y se solicitó de manera informal una moratoria de la liberación de maíz transgénico en el país.
Tanto Ulises Fernández, director de la Oficina de Regulación Ambiental y Seguridad Nuclear, como el director del CNSB, se comprometieron en poner todas las inquietudes y pruebas presentadas en manos del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.
La promoción, participación y educación ciudadana acerca de estos temas quedó como una meta a lograr en la sociedad cubana contemporánea. Otras iniciativas como la presentación legal de demandas y la realización de otro taller científico sobre el tema, fueron propuestas por varias personas del público.
El encuentro podría considerarse el primer espacio oficial abierto a las serias preocupaciones de un sector de la comunidad científica cubana sobre el maíz transgénico.
Con anterioridad, la Facultad de Biología de la UH y en la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre también acogieron debates sobre el tema de gran impacto social y científico. Por primera vez, según la profesora Nilda Pérez Consuegra, de la Universidad Agraria de La Habana, un grupo de científicos cubanos se unen en contra de la aplicación de una tecnología (2010).

[Tomado del sitio VOCES: http://cubaalamano.net/voces/index.php?option=com_content&task=view&id=1128&Itemid=2]

Transgénicos en Cuba, necesidad urgente de una moratoria

Fernando R. Funes Monzote

El problema.

La introducción de transgénicos en Cuba es un asunto más relevante de lo que algunos podrían pensar. Las consecuencias ecológicas, económicas, sociales y políticas de esta decisión no deberían subestimarse. A pesar de las advertencias y reclamos de un creciente número de personas preocupadas, el programa original no se ha detenido. En estos momentos resulta imprescindible y urgente una moratoria que permita reflexionar -a todas las instancias- sobre los riesgos probados y probables a que nos exponemos.

La carencia de información y transparencia sobre el tema preocupa a quienes hemos expresado reiteradamente la necesidad de un debate abierto y participativo sobre una cuestión tan relevante. La manera excluyente en que se han tomado decisiones al respecto, puede estar hipotecando el futuro de la nación en nombre de la urgencia y «necesidad» de alternativas para resolver el problema alimentario y sustituir importaciones. Los defensores de la tecnología subestiman, ignoran o acusan de anticientíficos a aquellos que nos oponemos o simplemente a quienes dudan de la pertinencia de haber introducido el maíz transgénico FR-Bt1 en el país. Las decisiones de escalado quedan en manos de personas que poco o nada conocen del origen y riesgos de esta tecnología, pues no se han presentado datos con rigor científico sobre sus supuestas ventajas.

Vale repetir que el problema de la alimentación en Cuba no tiene que ver con la falta de tecnologías. La ciencia cubana cuenta desde hace mucho con soluciones efectivas y apropiadas para nuestras condiciones desde el punto de vista ecológico y socioeconómico. Se ha demostrado que un modelo agroecológico, de bajo impacto ambiental, alta diversidad genética, tecnológica y sociocultural; desarrollado a pequeña y mediana escala, tiene el potencial de alimentar a la población cubana. El problema es que no se han invertido suficientes recursos en este modelo que algunos decisores y encumbrados científicos han considerado como un paliativo y no como una estrategia de futuro. Hay mucho que hacer en términos organizativos, tecnológicos, sociales y ecológicos para producir más alimentos antes que optar por una tecnología tan riesgosa como la transgénesis.

¿Qué hacer?, es la pregunta. No hacer nada y dejar que se derrumbe por sí sola como otras tecnologías similares, es la recomendación de algunos que optan por no presentar posiciones divergentes sino conciliadoras. En el pasado se han derrochado cuantiosos recursos a causa del silencio y la complacencia, por el aquello de que «siempre hay una buena oportunidad de quedarse callado». Mucha de la ciencia «objetiva» que se genera no tiene vínculo alguno con la sociedad y, por ende, atenta contra esta. Por eso hoy los gobernantes y los políticos tienen mucha más responsabilidad que antes. Las consecuencias de una equivocación serán mucho más dramáticas e incontrolables. El riesgo solo puede minimizarse o asumirse con información, participación y precaución. En el caso que nos ocupa, ninguno de estos tres elementos está siendo considerado.

¿Quién es el enemigo?

Un funcionario recientemente afirmó que el libro Transgénicos ¿qué se gana? ¿qué se pierde? Textos para un debate en Cuba «le hace el juego al enemigo». Aseveración tan paradójica como retadora. Pero, ¿quién es «el enemigo»? ¿Aquellos que se frotan las manos con la introducción de transgénicos en Cuba o quienes tienen una posición anti-transgénicos? ¿Por qué habría que aceptar complacientemente la idea de que existe un transgénico «socialista»? ¿Por razones ideológicas o por razones científicamente fundadas? ¿De qué ideología y de qué ciencia estaríamos hablando? Aquí hay que tomarse un momento y reflexionar sobre la conexión tecnología-ideología en la génesis de los modelos agrícolas y aplicación.

Creo firmemente que no se trata de buscar al «enemigo», que como ya se ha afirmado puede estar en la misma actitud de algunos que se autoproclaman revolucionarios. Sobre la conexión tecnología-ideología es prudente recalcar una cita que la estudiante quebequense de estudios ambientales Mélanie Bélanger, citó de Levins (2005) 1 en su artículo «Respuesta al Dr. Carlos G. Borroto. De los «transgenéticos» socialistas milagrosos» publicado en este sitio Rebelión el 28 de mayo de 2010:

«(…) la ciencia evoluciona acorde con las necesidades de la industria y sus filosofías dominantes. Al fin y al cabo, la lucha entre una agricultura altamente tecnológica-química y una agricultura ecológica es también una lucha entre una visión mecanicista/reduccionista y una visión dialéctica de la naturaleza y de la ciencia. Pero, lamentablemente y demasiado a menudo, algunos socialistas caen en un progresismo pasivo que solamente ve un costado de la contradicción, imagina solamente una vía de progreso a lo largo de la cual las cosas son más avanzadas o más atrasadas. Luego imaginan que tecnologías capitalistas pueden ser adoptadas integralmente para fines socialistas. Esta admiración hacia la tecnología burguesa ha sido precisamente uno de los elementos de fracaso de la desastrosa historia de la industria soviética» (Levins, 2005: p.175-176).

Falta de transparencia

Cuba liberó el maíz transgénico FR-Bt1 y este se extiende inconteniblemente. El público que conoce sobre los riesgos e implicaciones de tal decisión está preocupado, alarmado y desconcertado por ver como continúa su expansión. La noticia publicada en el periódico Juventud Rebelde que asegura la existencia de una «estrategia dirigida a sembrar alrededor de 200 caballerías (2684 hectáreas)» de este cultivo en la provincia de Sancti Spíritus, activó nuevamente las alarmas. ¿Cuál será el área total sembrada en el país en el 2010? ¿Por qué no se ha ofrecido esta información? ¿Acaso serán 10 000 o 15 000 hectáreas? Ya se ha hablado de sembrar 40 000 hectáreas de soya con apoyo técnico brasileño y se comenta que este cultivo será «liberado» próximamente.

El maíz transgénico se introdujo con la anuencia de las autoridades competentes designadas por el Estado para tal fin, quienes recibieron documentación que consideraron válida para afirmar, en ese momento, que era posible correr el riesgo para el medioambiente y para la salud humana, pues garantizaba el incremento de la producción de alimentos. Pero… ¿de qué documentos estamos hablando? ¿Dónde están los estudios científicos que avalan la inocuidad ambiental y para la salud humana de este transgénico cubano? ¿Ha tenido usted acceso a esos estudios? ¿Por qué son secretos y clasificados tales documentos? ¿Qué métodos habrán empleado los promotores de la tecnología para convencer a las autoridades del Ministerio de la Agricultura de que el maíz transgénico tiene un rendimiento mayor que otras variedades ya empleadas? ¿Les habrán mostrado algún estudio serio del asunto? El debate carece de estos importantes elementos. Si asumimos que el incremento del rendimiento es el objetivo fundamental de la introducción de esta variedad, que ameritaría todas las inversiones y riesgos por correr, ¿por qué un estudio tan simple como puede ser la comparación entre variedades transgénicas y no transgénicas debería ser secreto?

E n una reunión celebrada el día 16 de julio pasado en la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana, se acordó que se formaría una comisión para realizar estudios de inocuidad a cargo de otras instituciones entre las que el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) no estaría incluido. Podría parecer un paso de avance, pero ¿sería este también un reconocimiento de que se procedió a la aprobación de la licencia sin tener suficientes argumentos o que estos estudios no fueron realizados antes? No debe perderse de vista que el problema original tiene vínculo directo con esa institución que fue la que introdujo el transgénico y, por tanto, debe ser la principal responsable de demostrar tal inocuidad a los organismos competentes y a la sociedad.

Es correcto que otras instituciones se enfrasquen en este objetivo complejo y costoso, sin embargo, la ciencia ya ha demostrado suficientemente los riesgos del empleo de transgénicos en la producción de alimentos, lo que no se ha demostrado convincentemente es su inocuidad. El principio de la equivalencia sustancial es erróneo e inaceptable. Mientras tanto, el maíz FR-Bt1 sigue expandiéndose y se prevé la introducción de otros cultivos. Para que sea un proceso transparente y comprometido, lo primero es detener de inmediato su siembra en condiciones comerciales y hacer que regrese a los laboratorios o áreas experimentales controladas.

El maíz de las seis mazorcas

L a diseminación acelerada de la variedad transgénica de maíz FR-Bt1 atenta seriamente contra la biodiversidad de las razas criollas. Al reducir la heterogeneidad genética, limita considerablemente la capacidad de adaptación de los sistemas campesinos a las variaciones del clima. Con el empleo masivo de una variedad de maíz transgénico veremos venir años malos y años peores.

El imaginario popular campesino cubano ha llevado la noticia de boca en boca : «este es el maíz de las seis mazorcas»… y la semilla se pasa de mano en mano sin control. Hace pocos días un campesino me aseguró que había sembrado en su finca aquel maíz milagroso que alguien le «consiguió». Muy pronto pudo comprobar que, al igual que otras variedades que conoce, este también tenía solo dos mazorcas y no rindió más que el criollo que suele sembrar. Lo que él no sabía era lo que no podía ver: este «maíz milagroso» llevaba dentro una información genética que lo hace comportarse de forma diferente. Lo sembró igual que al tradicional, no utilizó herbicidas y no tuvo problemas de plagas, como con la semilla criolla que habitualmente emplea. No conocía de la necesidad de sembrar un refugio , como tampoco tenía idea de lo que es la insectorresistencia . ¿No es que de acuerdo con los reglamentos de seguridad biológica los campos transgénicos deben mantenerse bajo estricto escrutinio, evitando su diseminación descontrolada? En teoría, el Centro de Seguridad Biológica, apoyado en las estaciones provinciales del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), debe velar por que agricultores que no están dentro del programa empleen estas semillas. Pero, ¿quién lo podría evitar después de destapada la Caja de Pandora? ¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿Qué nos ha conducido a esta absurda encrucijada? ¿Cómo salir de ella?

La falsa expectativa de lograr mayores rendimientos con el maíz transgénico FR-Bt1 se riega como la pólvora en el campo cubano, y sobre todo porque llega en forma de directiva, cual si fuese la varita mágica que solucionará la escasez de alimentos y que reducirá importaciones. El «paquete» viene acompañado con recursos de los que el maíz tradicional nunca dispuso, siendo un cultivo de rotación muy bien conocido por los agricultores. Aún así, no existe una evidencia creíble de su efectividad.

E l aumento de rendimiento ha sido uno de los caballos de batalla de los promotores de los transgénicos. En los Estados Unidos, el país donde por más tiempo y con mayor área agrícola se ha implementado la siembra de estos cultivos, se realizó un estudio a largo plazo que revela su fracaso en términos de rendimiento. Entonces surge la pregunta evidente: ¿Si no incrementan los rendimientos, por qué se han expandido tanto en todo el mundo? ¿Qué es lo que hace a los transgénicos tan atractivos para los agricultores? El reporte «Failure to yield», por supuesto, descalificado por Monsanto, disponible en: http://www.ucsusa.org/assets/documents/food_and_agriculture/failure-to-yield.pdf intenta clarificar algunas de las dudas que puedan existir sobre el supuesto incremento de los rendimientos del maíz transgénico.

Atentado contra la agricultura campesina

L a introducción al medio natural de organismos transgénicos en Cuba desconoce los llamados de alerta sobre sus implicaciones. El problema no es la manera en que se use la tecnología, sino la tecnología en sí misma por nociva, peligrosa e inútil, un verdadero atentado a la agricultura campesina. Aunque se disfrace de ecológica, al supuestamente emplear Ecomic, Fitomas u otras alternativas orgánicas, la realidad es que la tecnología, desde su propia creación y propósito, se concibió para el uso de herbicidas, terrazas planas y un andamiaje tecnológico que ni está ni estará al alcance de los agricultores pequeños cubanos. Entonces, ¿por qué involucrar a los campesinos en esta aventura? La hipótesis de que los cultivos transgénicos refuerzan la Soberanía Alimentaria es rechazada desde hace mucho por todos los movimientos sociales del mundo.

Transnacionales como Monsanto, Syngenta y otras han relacionado los transgénicos con la agricultura ecológica como una estrategia comercial, pero sin un demostrado sustento científico. El modelo de producción que propone el CIGB para el cultivo de transgénicos es divergente de la agroecología, socava el desarrollo que esta ha tenido durante los últimos 20 años en la Isla y constituye un fuerte revés al movimiento agroecológico cubano. La Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), coordinadora del Movimiento Agroecológico de Campesino a Campesino debería reflexionar seriamente sobre esto. Así, la alternativa agroecológica se ve amenazada en sus tres pilares básicos: diversificación (genética y tecnológica), descentralización (disminución de la escala y participación) y autosuficiencia alimentaria.

Aún quedan innumerables oportunidades, capital social, reservas productivas, tecnología, tierra, posibilidad de implantar m ecanismos económicos, entre otras alternativas para incrementar la producción de alimentos en Cuba y sustituir importaciones. Se conoce que los bajos rendimientos que hoy se logra en la mayoría de los cultivos y la deprimida producción animal, pueden duplicarse con pequeños ajustes de manejo. Por otra parte, parecen insuficientes, pero no es poco que tengamos 1.5 millones de trabajadores agrícolas. Desde el siglo XV ya una persona podía producir para 10. Lo que realmente necesitamos es invertir recursos financieros para que se pueda hacer agricultura familiar y para que los agricultores tengan condiciones que les permitan trabajar y vivir decorosamente en el campo.

Urgencia de una moratoria

Si es que existen y no fueran secretos, el público cubano debería conocer la metodología y los resultados de los estudios que garantizan la inocuidad del maíz FR-Bt1. Es necesario propiciar el debate en espacios públicos y que el tema no continúe secuestrado a lugares cerrados y auditorios reducidos. En tanto no se realice el debate y se llegue de manera participativa a decisiones democráticas, debe implantarse una moratoria al uso de cultivos transgénicos en Cuba. Es imprescindible aplicar el principio precautorio hasta que queden asuntos clave por discutir, en aras de tomar decisiones más conscientes y responsables. Continuar diseminando transgénicos es una muestra de irresponsabilidad, soberbia e irrespeto a la opinión y a la voluntad de los cubanos de definir su destino. Por eso, antes de renovar las licencias otorgadas para este cultivo, que se vencen este año 2010, se impone una moratoria. Quien tenga la competencia para promover y hacer cumplir esta medida, debería hacerlo.

1 Levins, Richard. 2005. «A Left Critic of Organic Agriculture». New International, no.13: 175-176.

* El autor de este texto es Agroecólogo, PhD de la Estación Experimental «Indio Hatuey» de la Universidad de Matanza, Cuba

Tomado de: www.kaosenlared.net/noticia/transgenicos-cuba-necesidad-urgente-moratoria

¡Ojo! maíz transgénico en Cuba

La Habana, 10 sep.- El avance del maíz transgénico en la agricultura cubana, sin debates públicos sobre sus inconvenientes, preocupa a especialistas y activistas verdes, cuyas opiniones centraron el último número del boletín ecológico “El Guardabosques”.
Un artículo del agrónomo Narciso Aguilera Marín, publicado originalmente en la alternativa Rebelión , alertó sobre la extensión del maíz transgénico FR Bt1 entre los campesinos cubanos, hecho que pudo corroborar el experto durante una reciente visita a Sancti Spíritus.
“El transgénico FR Bt1 está corriendo de mano en mano sin control en campos cubanos”, dijo Aguilera, quien hizo llegar su trabajo a las redacciones de los periódicos cubanos y con alcance nacional Granma y Juventud Rebelde.
El FR Bt1 tiene la factura del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), y se produce en un área experimental ubicada en el Valle de Caonao de la mencionada provincia central.
Durante recorridos por cooperativas campesinas cercanas al Valle de Caonao, Aguilera descubrió siembras de esta planta tratada biotecnológicamente, mezcladas en ocasiones con variedades locales.
“Muchas comunidades en el mundo tratan desesperadamente de “desintoxicar” sus variedades ya contaminadas con transgénicos, (…) llueven las demandas a los gobiernos y autoridades para que se tomen medidas en tal sentido”, alertó.
Además, en su pesquisa vio como los agricultores procedían de diferentes maneras para manejar el transgénico y sus conocimientos en este sentido era escasos: algunos opinaron que sólo los animales lo podían consumir, otros que se empleaba como cualquier otro maíz.

“Es una verdadera lástima que se pongan en riesgo las variedades locales, que sin lugar a dudas le pueden garantizar al agricultor la seguridad de sus semillas y sus cosechas”, lamentó el experto, sobre el desplazamiento y daños que puede sufrir el prolífero y resistente a plagas “Maíz de 70 Días”.
Por su parte, Eduardo Freyre Roach propuso reunir los criterios de personas en diversas organizaciones como la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños y la Fundación “Antonio Núñez Jiménez” de la Naturaleza y el Hombre.
Sin el verdadero conocimiento de lo que sucede en los campos donde se sembró maíz transgénico resulta imposible llegar a soluciones, acotó. Hasta el momento, la información brindada por el CIGB “no permite evaluar ni cívica ni académicamente el estado de la cuestión”, dijo.
“No todo lo tecnológicamente posible, es ecológica y socialmente conveniente”, enfatizó Freyre, quien teme por la propagación del transgénico, ya que los campos de cultivo no permiten el control de un laboratorio.
A pesar de que los transgénicos han sido poco investigados, la activista ecológica Anne Petermann insistió en que provocan riesgos importantes para la salud humana. Estos “legitiman aún más el reclamo de una prohibición mundial de árboles producto de la ingeniería genética”, concluyó.
El editor de El Guardabosques llamó a “involucrar a muchos más actores que los que hasta ahora parecen estar tomando las riesgosas decisiones”, en la búsqueda de debate público sobre un tema sensible a todas y todos. “No es preciso ser experto en el tema, sino tener un mínimo de sensibilidad y responsabilidad”, instó (2010).

http://www.cubaalamano.net/voces/index.php?option=com_content&task=view&id=1120&Itemid=1

Transgénicos y salud

Medardo Ávila Vázquez
Rebelión

Los transgénicos son organismos modificados genéticamente con biotecnologías que permiten crear plantas, animales y microorganismos, transgrediendo formas de vida y fronteras entre las especies. Un transgénico se genera cuando material genético de un virus o bacteria, vegetal o animal, es aislado e introducido al genoma de otro organismo; esto lo hace comportarse de manera diferente a organismos de su misma familia, género o especie.

Esta tecnología no es una simple prolongación de la mejora vegetal, llevada a cabo por la agricultura tradicional: al permitir franquear las barreras entre especies, crea seres vivos que no podrían obtenerse en la naturaleza, en un proceso rodeado de incertidumbres, que puede dar lugar a multitud de efectos imprevistos.

Esos avances impactaron en la medicina, la agricultura y la alimentación. En los últimos años, a partir de una industria biotecnológica altamente concentrada, se utilizan para generar nuevos cultivos y desde hace 13 años se siembran en Argentina variedades transgénicas de soja y maíz con resistencia a insectos o tolerancia al herbicida de Monsanto glifosato (Roundup).

Granos transgénicos peligrosos

Las empresas biotecnológicas pregonaban que disminuirían la desnutrición y el hambre. Pero, si bien aumentó la producción, también lo hizo la desigual distribución de los alimentos, de la tierra y de la tecnología, por lo que es más probable que nos alejamos de ese objetivo.

La industria biotecnológica afirma que la equivalencia sustancial de los nuevos alimentos transgénicos los hace igual de inofensivos que sus pares orgánicos, pero esta teoría no se sustenta en estudios imparciales.

Hoy está demostrado, por ejemplo, que el maíz MON863 genera daño hepático y renal en animales y por ello fue retirado de países europeos junto con otras variedades de maíz transgénico (la mayoría de estos países no autorizan cultivar transgénicos).

Para la Academia Norteamericana de Medicina Ambiental (1), existe una relación directa entre ingestión de alimentos transgénicos e infertilidad, desregulación inmune y genética, envejecimiento acelerado y desregulación de la insulina. Desde ese ámbito, se propone una moratoria de sembradíos transgénicos, para analizar en forma independiente la seguridad de estos alimentos.

En paralelo, este sistema de producción incorporó de manera masiva derivados de soja a la cadena alimentaria. La ingestión de esta leguminosa se vincula a mayor incidencia de cáncer, a trastornos tiroideos y de fecundidad y feminización. Excepto en tiempos de hambruna, los asiáticos (desde hace miles de años) la consumen sólo en pequeñas cantidades, como condimento y no como reemplazo de otros alimentos.

Paren de fumigar

El paquete tecnológico en la producción de transgénicos incluye, contra los pronósticos iniciales, la utilización de crecientes cantidades de plaguicidas. Se destaca el uso del herbicida glifosato y del insecticida Endosulfan. Ambos agrotóxicos, propiedad de las empresas Monsanto y Bayer, son seriamente cuestionados en el mundo por asociarse a mayor incidencia de cáncer, daños al cerebro, sistema nervioso e hígado, malformaciones congénitas, esterilidad, abortos espontáneos y alteraciones hormonales.

Son todas manifestaciones reportadas en las poblaciones colindantes con sembradíos de transgénicos y sujetas a fumigación regular con estos químicos, un lamentable ejemplo es la situación del barrio Ituzaingó Anexo, de la Ciudad de Córdoba.

El glifosato mata todo tipo de plantas, excepto las que poseen un gen de origen animal. Antes de la siembra, millones de litros de glifosato se aplican como colchón químico para impedir el crecimiento de malezas. Sólo sobrevive la soja transgénica.

Soja y Dengue

Los daños ambientales generados por la expansión de las plantaciones transgénicas se expresaron con claridad en Charata, Chaco. En la región y hasta el año 2000, las plantaciones de algodón ocupaban 60 por ciento de la superficie y los bosques nativos el 40 por ciento. Hoy existe 90% del territorio con soja y 10 % con bosques, miles de campesinos fueron desplazados y en el año 2009 tuvo la mayor concentración nacional de casos de Dengue. Charata es un lugar donde la biodiversidad fue exterminada y la estructura social distorsionada por la introducción masiva de sembradíos de soja transgénica.

En todo el mundo, ocho países concentran la producción de granos transgénicos; más de 170 no la autorizan. En Argentina, aprovechando el notable aumento de los precios de las commodities, el complejo sojero conforma el 24 por ciento de las exportaciones totales.

Un análisis actual de estos cultivos (2) encontró que no tienen más rendimiento que los tradicionales y consumen más agrotóxicos.

El beneficio para el estrecho grupo de multinacionales que poseen las patentes de semillas y químicos es enorme. Los daños a la salud, nunca cuantificados, están siendo reconocidos cada vez más.

Notas

(1) www.biodiversidadla.org/Principal/Contenido/Noticias/Alimentos
(2) http://www.ucsusa.org/food_and_agriculture/science_and_impacts/science/failure-to-yield.html

Medardo Ávila Vázquez es médico y Ex Secretario de Salud de la Municipalidad de Córdoba.

Tomado de Rebelión

FAO y transgénicos: apuesta equivocada

Por Silvia Ribeiro
Es grave e irresponsable el intento de FAO de legitimar los transgénicos como solución al hambre y la crisis climática en el tercer mundo, cuya expresión más reciente es la conferencia Biotecnologías agrícolas en los países en desarrollo (Guadalajara, México, 14 de marzo). Frente a las críticas que van en aumento, los funcionarios de FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) declararon que la biotecnología es más que transgénicos y ellos sólo plantean opciones. Pero los documentos que coordinó la FAO para la conferencia no recogen cuestiones fundamentales sobre biotecnología, como el dominio de las empresas trasnacionales sobre todo el sector. Ignoran también los resultados a la vista del uso de biotecnología agrícola: la contaminación transgénica de las variedades campesinas, el aumento del uso de agrotóxicos de esos cultivos (que empeora el cambio climático) y otros impactos sobre el ambiente y la salud de los consumidores.
Si FAO hubiera querido realizar un proceso de discusión sobre opciones, no podría haber organizado una conferencia sesgada, sin la participación de los actores fundamentales, y desechando las posiciones críticas. Ahora, lo que hace la FAO es condonar la apropiación de las semillas y la cadena alimentaria del planeta que crece por parte de unas pocas trasnacionales de transgénicos, lo cual agravará el hambre y el caos climático.
La conferencia partió de un proceso errado desde el inicio: no estaban –y siguen sin estar– los campesinos y agricultores familiares y sus organizaciones, que son nada menos que los que producen la alimentación de la mayoría del planeta y son la clave más importante para enfrentar la crisis climática y alimentaria. Este rol fundamental de las campesinas, pastores, pescadores artesanales y otros pequeños productores ha sido confirmado con nuevos datos en varios reportes recientes. (Por ej. ¿Quien nos alimentará? Preguntas ante la crisis climática y alimentaria, del Grupo ETC http://www.etcgroup.org/es/node/4952)
Pero la FAO no se preocupó por esta notable falta, sino que consideró que invitando a una decena de individuos de organizaciones no gubernamentales internacionales cumplía con la formalidad participativa. La mayoría de esos invitados seleccionados por FAO son de organizaciones de las trasnacionales de la industria de los transgénicos (como Croplife y Biotechnology Industry Organization, BIO) u organizaciones de grandes agricultores industriales y ONG e instituciones que son favorables o turbiamente ambiguas a los transgénicos. Como excepción, Pat Mooney, director del Grupo ETC, aceptó integrar el comité de pilotaje de esta conferencia, luego de mucha insistencia de parte del secretariado de la FAO que aseguró sería un proceso justo y neutral.
El 23 de febrero 2010, Pat Mooney, Premio Nobel Alternativo y uno de los más profundos conocedores del trabajo de la FAO desde hace 40 años, renunció públicamente a este comité, luego de constatar que en todo el proceso, la FAO nunca tomó en cuenta ninguna de sus observaciones y recomendaciones, pero sí usó su nombre para justificar ante organizaciones mexicanas que no les permitirían participar en la conferencia, pero que Mooney representaba sus preocupaciones.
Entre muchas otras ausencias graves en los documentos, una de las más ofensivas es el hecho de que aunque la conferencia se realiza en México, centro de origen del maíz, la FAO no se ha dignado incluir en el reporte ni pedir cuentas al gobierno mexicano sobre la contaminación transgénica de variedades nativas. Ni sobre la ya ocurrida ni la que ahora promete el gobierno con la aprobación de 24 siembras experimentales de maíz transgénico a favor de las trasnacionales Monsanto, DuPont-Pioneer y Dow.
Uno de los principales organizadores de la conferencia, Shivaji Pandey, por décadas funcionario del Centro Internacional del Investigación Agrícola sobre Maíz y Trigo (CIMMYT) ubicado en Texcoco, México y actualmente presidente del Grupo de Trabajo sobre Biotecnología de la FAO, contestó con una breve y aséptica nota a las preocupaciones que dirigieron a la FAO más de mil 500 organizaciones de 70 países demandando que la FAO debía llamar la atención del gobierno mexicano ante la escalada de contaminación y restablecer la moratoria, por ser centro de origen del maíz. Pandey contestó con su mantra de que la biotecnología incluye muchas tecnologías, que tienen mucho potencial y los transgénicos sí, algunos riesgos, pero que en definitiva era un problema nacional. ¿Cómo puede un funcionario de la FAO considerar el centro de origen del maíz del mundo –siendo además uno de los cuatro principales cereales bases de la alimentación de toda la humanidad– un problema nacional?
No hay en los documentos para la conferencia ninguna mención a la gravísima contaminación transgénica en centros de origen y diversidad como México. Sin embargo, los mismos funcionarios de Cibiogem que en México aprobaron en forma irresponsable condonar la contaminación trasgénica pasada y aumentarla para permitir el lucro de las trasnacionales, serán ponentes en la conferencia de la FAO ¡en el tema de bioseguridad! Seguramente no mostrarán las críticas que han recibido de más de 700 científicos contra la aprobación de siembras de maíz transgénico (http://www.uccsnet.org/).
Mientras tanto, afuera, en calles, plazas y centros de Guadalajara y otras partes del mundo, habrá una gran variedad de actividades de la sociedad civil y organizaciones campesinas para denunciar estas falacias y defender, realmente, las alternativas campesinas que necesitamos para enfrentar las crisis. Definitivamente, no incluyen transgénicos.
– Silvia Ribeiro es Investigadora del Grupo ETC
Tomado de EL ECONOMISTA DE CUBA