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Transgénicos y Seguridad Alimentaria

Voces

La Habana, 7 oct.- El debate alrededor de los alimentos transgénicos se hizo presente en otro espacio de la capital cubana. Bajo el título «Transgénicos y seguridad alimentaria», el Centro Cultural «Dulce María Loynaz» efectuó, el pasado miércoles 6, un panel para reflexionar y dialogar sobre la cultura de la salud.
La mesa estuvo integrada por dos de los principales científicos que han estimulado las deliberaciones sobre el tema, el agroecólogo Fernando Funes y el filósofo Carlos Delgado, quienes profundizaron en el análisis de las nuevas tecnologías, los modelos agroculturales y su impacto en la alimentación.
El tema fue presentado como parte de las actividades por el Día Mundial de la Alimentación. Se recordó allí que la FAO reconoce la potencialidad de los alimentos transgénicos para paliar el hambre y la desnutrición que afectan a millones de seres humanos en el planeta.
No obstante, “en la agricultura es necesario aprovechar las condiciones locales para tener una producción diversificada, que haga que yo no dependa de un mercado externo, ni de insumos, ni de productos terminados para poder autoabastecerme”, enfatizó Delgado al referirse a la seguridad alimentaria.
“No se puede decir nada absoluto con respecto a las nuevas tecnologías: ni rechazarlas ni aceptarlas a ciegas. Las nuevas tecnologías representarán siempre un conjunto de oportunidades y de riesgos”. Así se expresó el filósofo, quien recalcó la necesidad de una evaluación y un control social de estas tecnologías.
María Victoria Luna, funcionaria del Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos (INHA), dio fe de las evaluaciones realizadas al maíz FR-Bt1 en su institución. El Registro Sanitario de Alimentos del INHA evaluó todos los aspectos relacionados con la inocuidad de los alimentos, requeridos para poder autorizar la siembra de este maíz en el país.
Delgado considera que el asunto de las decisiones sociales y la amplia participación pública para la toma de esas decisiones “es el talón de Aquiles de Cuba, y la gran posibilidad que Cuba tiene”. A su vez, reclama la participación de otros actores sociales involucrados en el tema, sobre todo a los campesinos.
Las limitaciones de los espacios de debate sobre este tema fueron mencionadas por el biólogo Carlos Martínez. “La prensa nacional no ha sido capaz de absorber el debate; los que estamos preocupados por el tema hemos tenido que mover el debate a Internet”, puntualizó el científico.
Fernando Funes, por su parte, hizo reconocimiento a los veinte años de desarrollo del modelo agroecológico cubano, y comentó acerca de la capacidad de la isla para generar su propia tecnología y su propia visión acerca de la producción de alimentos.
Para Funes no son compatibles los transgénicos con el modelo agroecológico. “Miles de personas han trabajado duramente para modificar la agricultura cubana en una agricultura más resiliente al cambio climático, producir una variedad de maíz que tiene la capacidad de soportar la sequía, los cambios en la temperatura, y que son parte de la tradición y la cultura campesina”, aseveró el investigador.
Según el agroecólogo, la tecnología de los transgénicos implica la recuperación de un modelo agrícola convencional, de altos insumos, altamente dependiente de decisiones externas, y que quitan autonomía al agricultor.
El espacio «Letra con Vida», culminó con la presentación del libro: «Transgénicos ¿Qué se gana?, ¿Qué se pierde? Textos para un debate en Cuba», compilados por Fernando Funes y Eduardo Freyre, y publicado por el Centro Félix Varela. (2010)

FUENTE: Cuba a la mano

FAO y transgénicos: apuesta equivocada

Por Silvia Ribeiro
Es grave e irresponsable el intento de FAO de legitimar los transgénicos como solución al hambre y la crisis climática en el tercer mundo, cuya expresión más reciente es la conferencia Biotecnologías agrícolas en los países en desarrollo (Guadalajara, México, 14 de marzo). Frente a las críticas que van en aumento, los funcionarios de FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) declararon que la biotecnología es más que transgénicos y ellos sólo plantean opciones. Pero los documentos que coordinó la FAO para la conferencia no recogen cuestiones fundamentales sobre biotecnología, como el dominio de las empresas trasnacionales sobre todo el sector. Ignoran también los resultados a la vista del uso de biotecnología agrícola: la contaminación transgénica de las variedades campesinas, el aumento del uso de agrotóxicos de esos cultivos (que empeora el cambio climático) y otros impactos sobre el ambiente y la salud de los consumidores.
Si FAO hubiera querido realizar un proceso de discusión sobre opciones, no podría haber organizado una conferencia sesgada, sin la participación de los actores fundamentales, y desechando las posiciones críticas. Ahora, lo que hace la FAO es condonar la apropiación de las semillas y la cadena alimentaria del planeta que crece por parte de unas pocas trasnacionales de transgénicos, lo cual agravará el hambre y el caos climático.
La conferencia partió de un proceso errado desde el inicio: no estaban –y siguen sin estar– los campesinos y agricultores familiares y sus organizaciones, que son nada menos que los que producen la alimentación de la mayoría del planeta y son la clave más importante para enfrentar la crisis climática y alimentaria. Este rol fundamental de las campesinas, pastores, pescadores artesanales y otros pequeños productores ha sido confirmado con nuevos datos en varios reportes recientes. (Por ej. ¿Quien nos alimentará? Preguntas ante la crisis climática y alimentaria, del Grupo ETC http://www.etcgroup.org/es/node/4952)
Pero la FAO no se preocupó por esta notable falta, sino que consideró que invitando a una decena de individuos de organizaciones no gubernamentales internacionales cumplía con la formalidad participativa. La mayoría de esos invitados seleccionados por FAO son de organizaciones de las trasnacionales de la industria de los transgénicos (como Croplife y Biotechnology Industry Organization, BIO) u organizaciones de grandes agricultores industriales y ONG e instituciones que son favorables o turbiamente ambiguas a los transgénicos. Como excepción, Pat Mooney, director del Grupo ETC, aceptó integrar el comité de pilotaje de esta conferencia, luego de mucha insistencia de parte del secretariado de la FAO que aseguró sería un proceso justo y neutral.
El 23 de febrero 2010, Pat Mooney, Premio Nobel Alternativo y uno de los más profundos conocedores del trabajo de la FAO desde hace 40 años, renunció públicamente a este comité, luego de constatar que en todo el proceso, la FAO nunca tomó en cuenta ninguna de sus observaciones y recomendaciones, pero sí usó su nombre para justificar ante organizaciones mexicanas que no les permitirían participar en la conferencia, pero que Mooney representaba sus preocupaciones.
Entre muchas otras ausencias graves en los documentos, una de las más ofensivas es el hecho de que aunque la conferencia se realiza en México, centro de origen del maíz, la FAO no se ha dignado incluir en el reporte ni pedir cuentas al gobierno mexicano sobre la contaminación transgénica de variedades nativas. Ni sobre la ya ocurrida ni la que ahora promete el gobierno con la aprobación de 24 siembras experimentales de maíz transgénico a favor de las trasnacionales Monsanto, DuPont-Pioneer y Dow.
Uno de los principales organizadores de la conferencia, Shivaji Pandey, por décadas funcionario del Centro Internacional del Investigación Agrícola sobre Maíz y Trigo (CIMMYT) ubicado en Texcoco, México y actualmente presidente del Grupo de Trabajo sobre Biotecnología de la FAO, contestó con una breve y aséptica nota a las preocupaciones que dirigieron a la FAO más de mil 500 organizaciones de 70 países demandando que la FAO debía llamar la atención del gobierno mexicano ante la escalada de contaminación y restablecer la moratoria, por ser centro de origen del maíz. Pandey contestó con su mantra de que la biotecnología incluye muchas tecnologías, que tienen mucho potencial y los transgénicos sí, algunos riesgos, pero que en definitiva era un problema nacional. ¿Cómo puede un funcionario de la FAO considerar el centro de origen del maíz del mundo –siendo además uno de los cuatro principales cereales bases de la alimentación de toda la humanidad– un problema nacional?
No hay en los documentos para la conferencia ninguna mención a la gravísima contaminación transgénica en centros de origen y diversidad como México. Sin embargo, los mismos funcionarios de Cibiogem que en México aprobaron en forma irresponsable condonar la contaminación trasgénica pasada y aumentarla para permitir el lucro de las trasnacionales, serán ponentes en la conferencia de la FAO ¡en el tema de bioseguridad! Seguramente no mostrarán las críticas que han recibido de más de 700 científicos contra la aprobación de siembras de maíz transgénico (http://www.uccsnet.org/).
Mientras tanto, afuera, en calles, plazas y centros de Guadalajara y otras partes del mundo, habrá una gran variedad de actividades de la sociedad civil y organizaciones campesinas para denunciar estas falacias y defender, realmente, las alternativas campesinas que necesitamos para enfrentar las crisis. Definitivamente, no incluyen transgénicos.
– Silvia Ribeiro es Investigadora del Grupo ETC
Tomado de EL ECONOMISTA DE CUBA