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Se abre debate cubano sobre transgénicos

Patricia Grogg entrevista al agroecólogo FERNANDO FUNES-MONZOTE * – IPS/IFEJ

Quien crea que la introducción de transgénicos es un problema exclusivo de la ciencia, se equivoca, afirma en esta entrevista exclusiva el agroecólogo cubano Fernando Funes-Monzote.

LA HABANA, 4 oct (Tierramérica).- La siembra en varias provincias de Cuba de un maíz transgénico obtenido por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología pone en riesgo la biodiversidad y contradice el esquema de producción agrícola promovido por el propio gobierno, advirtió el agroecólogo cubano Fernando Funes-Monzote.
Funes coordinó en septiembre un encuentro de especialistas preocupados por el tema con directivos y personal del Centro Nacional de Seguridad Biológica y de la Oficina de Regulación Ambiental y Seguridad Nuclear, una de las instituciones encargadas de conceder licencia para este tipo de cultivos.
En esa cita, los expertos pidieron interrumpir esos cultivos hasta tener mayor información y una discusión profunda de la sociedad sobre su impacto ambiental y sanitario.
La reunión fue considerada el primer espacio oficial abierto a las inquietudes de un sector de la comunidad científica cubana por la liberación de organismos genéticamente modificados en el agro de este país caribeño.

IPS: El cultivo de esta variedad transgénica, la FR-Bt1, comenzó en 2008, pero ya desde antes se conocían opiniones adversas. ¿Por qué solo ahora se pide una moratoria que dé lugar a un análisis de ventajas y desventajas?
FERNANDO FUNES-MONZOTE: El tema estuvo silenciado, pero en 2008 se disparó la alarma cuando se sembró, como ensayo de campo, una hectárea que daría lugar a la siembra de 50 hectáreas como antesala para la expansión del cultivo en 2009 a 6.000 hectáreas en varias provincia
Hasta ese momento se pensaba que el trabajo con organismos modificados genéticamente se mantendría en los laboratorios en tanto se tuvieran todas las evidencias de que no causarían daños al ambiente y la salud humana.
En el momento actual creemos que una moratoria permitiría contar con el tiempo necesario para tomar decisiones más conscientes y reflexionar con la participación de toda la sociedad. Quien crea que este es un problema exclusivo de la ciencia y que los decisores tienen la última palabra, se equivoca.
IPS: ¿Considera que se violaron normas y regulaciones?
FFM: Se está violado el principio precautorio. Es decir, no hay información visible, pública, que nos permita conocer que se tomaron todas las precauciones, y partimos del hecho de que los que tomaron la decisión pudieron haberse equivocado.
Este año es un momento crucial para que se reconsidere la expansión y mantenimiento de este cultivo, porque vence la licencia otorgada por la Oficina de Regulación. Pero nos alertaron de que no es competencia de ellos plantear una moratoria y que la decisión de liberar este maíz tuvo un componente técnico y otro político.
IPS: ¿Cree posible que se detenga un proceso que ya parece bastante avanzado?
FFM: Una moratoria permitiría establecer un proceso de consulta y debate en la sociedad. Hay una decisión política que tomar y también un riesgo político que correr, porque se está viendo a Cuba como promotora de los transgénicos que el mundo progresista rechaza.
Y no sólo se rechaza por la repercusión del dominio de las transnacionales, sino por el impacto de la tecnología que en la agricultura puede tener efectos adversos en grandes masas de la población y atenta contra el frágil equilibrio biológico. IPS: ¿Qué extensión alcanza el cultivo de esta variedad resistente al gusano cogollero (Spodoptera frugiperda) y tolerante a herbicidas? ¿En qué condiciones se ha sembrado?
FFM: No se ha informado la extensión para este año. Según la licencia, se puede cultivar la variedad FR-Bt1 en predios desde La Habana hasta Camagüey (una distancia de 534 kilómetros). Se excluye la occidental Pinar del Río y la región oriental, pero ¿quién podría asegurar que las semillas no han cruzado estas fronteras?
No se conocen los resultados ni cuántas áreas fueron sembradas en total. Hubo un encuentro en el Centro Nacional de Seguridad Biológica para informar sobre el resultado del primer año de cultivo, pero no quedó nada escrito sobre el asunto. Sin dudas ha habido falta de transparencia en todo este proceso, que compete a toda la sociedad.
IPS: ¿Pero usted y otros expertos han podido observar directamente en el campo cómo se está desarrollando esta siembra de maíz transgénico?
FFM: Por lo que vi en (la central) Sancti Spíritus puedo afirmar que no se están teniendo en cuenta las orientaciones de seguridad biológica. Es decir, la tecnología no se está aplicando como originalmente se concibió, lo que pone en riesgo las variedades tradicionales de maíz y, como afirman sus promotores, provoca “la muerte de la tecnología”.
No todos los campesinos están siguiendo las indicaciones tecnológicas, ni tuvieron la debida capacitación o asistencia técnica. Vimos que algunos se han pasado la semilla de unos a otros, la siembran sin precaución alguna y desconocen las condiciones claramente definidas por el Centro Nacional de Seguridad Biológica.
IPS: ¿Cuáles son los principales riesgos que tiene la aplicación de esta tecnología en las condiciones de Cuba?
FFM: El riesgo fundamental para el movimiento agroecológico, que tiene ya unos 20 años en nuestro país, está en la expansión de una tecnología que atenta contra la diversidad y reduce la capacidad de las variedades criollas para adaptarse, por ejemplo, al cambio climático, a la sequía, o a cambios de temperatura.
La producción de maíz en Cuba, como el resto de la producción agropecuaria, enfrenta muchos otros retos y es erróneo pensar que los transgénicos incrementarán el rendimiento.
Sobre eventuales daños a la salud humana, es necesario hacer pruebas que demuestren que este maíz transgénico realmente puede ser consumido sin peligro en los hogares cubanos. Si esas comprobaciones fueron realizadas, deberían estar disponibles.

* Este artículo es parte de una serie de reportajes sobre biodiversidad producida por IPS, CGIAR/Bioversity International, IFEJ y PNUMA/CDB, miembros de la Alianza de Comunicadores para el Desarrollo Sostenible (http://www.complusalliance.org).

http://www.tierramerica.info/nota.php?lang=esp&idnews=3759

Fuertes debates sobre el maíz transgénico en Cuba

La Habana, 18 sep.- Preocupados por la liberación en los campos cubanos del maíz transgénico FR-Bt1, científicos y activistas no gubernamentales de la isla caribeña analizaron los peligros de este hecho, en un encuentro celebrado el pasado 16 de septiembre en el Centro Nacional de Seguridad Biológica (CNSB) de la capital de Cuba.
En la cita, coordinada por el ingeniero Fernando Rafael Funes Monzote, se visionaron una selección de videos tomados por el agrónomo Narciso Aguilera Marín, donde se constatan violaciones en el protocolo de liberación del maíz FR-Bt1 en campos de la provincia de Santi Spíritus, en el centro de la isla.
Según trascendió durante la reunión, en el espirituano Valle de Caonao, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) desarrolla un proyecto experimental de siembra del FR Bt1 y ha llevado a cabo entrega de semillas a algunos agricultores de la zona.
Campesinos de la cooperativa Julio Tápanes, ubicada en esa provincia, desconocían buena parte de las recomendaciones para cultivar y consumir el mencionado maíz transgénico, según los materiales audiovisuales. De esta manera, se pone en riesgo todo el proceso de liberación, las personas involucradas y variedades de maíz natural, que tradicionalmente siembran los agricultores cubanos.
El paquete tecnológico del maíz transgénico exige procedimientos estrictos como distancias específicas de siembra, aplicaciones de herbicidas y plaguicidas, fertilización, riego, y rígidas medidas de control y protección de las personas y el ecosistema, según fuentes especializadas.
Pero expertos y activistas insistieron en que el proceso de liberación del maíz FR-Bt1 en cultivos de la isla caribeña no se ha realizado de manera clara. Además, escasas son las informaciones sobre el impacto en la salud humana de este transgénico y el riesgo de atentar contra la diversidad biológica.
Alfredo Abuín Landín, de la Universidad de Ciencias Médicas de Matanzas, solicitó al Programa Nacional de Biotecnología Agropecuaria en Cuba pruebas sobre la toxicidad de la proteína insecticida Cry, insertada en el genoma del maíz, y con potencialidad para interactuar con el sistema inmunológico humano.
La información del proceso de autorización no es pública; solo el resultado, dijo Juan Carlos Menéndez, director del CNSB, en respuesta al reclamo de evidencias de las pruebas realizadas.
No obstante, Menéndez certificó que el FR-Bt1 es apto para el consumo humano y animal. A modo de recordatorio, comentó que el boniato transgénico hace años se cultiva en la provincia central de Villa Clara.
Insistió, además, que la política cubana apoya la transgénesis. Sin embargo, Cuba firmó este año la Declaración de Cochabamba, la cual reniega categóricamente de la explotación de cultivos transgénicos.
El Estado cubano no prohíbe el uso e importación de transgénicos para cualquier destino, incluyendo la alimentación, así como de organismos vivos modificados biogenéticamente. Pero, tales actividades deben someterse a un riguroso proceso de evaluación de riesgo, según las leyes vigentes en el país.
El sistema regulatorio de bioseguridad cubano tiene como momentos trascendentales la firma del Decreto Ley 190, en 1999, y la entrada en vigor del Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad de la Biotecnología, en el 2003.
Lenia Arce Hernández, también del CNSB, llamó la atención en el hecho de que el Protocolo de Cartagena reconozca los beneficios de la biotecnología, pero se concentre sobre todo en los riesgos de esta para la vida en el planeta. Señaló varios aspectos necesarios para estos procesos que no se abordan en el mencionado Protocolo.
Cuba cumple aproximadamente el 85 por ciento de lineamientos establecidos por esa instancia internacional, en un sistema de seguridad biológica que se distingue por tener una visión interdisciplinaria única en el mundo.
Los participantes en el debate reclamaron a los expertos su participación en las consultas, parte esencial en el otorgamiento de licencias, y señalaron la carencia y retardo en la presentación de dictámenes y criterios especializados sobre el maíz transgénico.
Durante el encuentro fue entregado al CNSB un expediente que compila informaciones de utilidad, y se solicitó de manera informal una moratoria de la liberación de maíz transgénico en el país.
Tanto Ulises Fernández, director de la Oficina de Regulación Ambiental y Seguridad Nuclear, como el director del CNSB, se comprometieron en poner todas las inquietudes y pruebas presentadas en manos del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.
La promoción, participación y educación ciudadana acerca de estos temas quedó como una meta a lograr en la sociedad cubana contemporánea. Otras iniciativas como la presentación legal de demandas y la realización de otro taller científico sobre el tema, fueron propuestas por varias personas del público.
El encuentro podría considerarse el primer espacio oficial abierto a las serias preocupaciones de un sector de la comunidad científica cubana sobre el maíz transgénico.
Con anterioridad, la Facultad de Biología de la UH y en la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre también acogieron debates sobre el tema de gran impacto social y científico. Por primera vez, según la profesora Nilda Pérez Consuegra, de la Universidad Agraria de La Habana, un grupo de científicos cubanos se unen en contra de la aplicación de una tecnología (2010).

[Tomado del sitio VOCES: http://cubaalamano.net/voces/index.php?option=com_content&task=view&id=1128&Itemid=2]